Que las ciberestafas son un fenómeno que están en auge entre los criminales es un hecho. Así lo demuestran los últimos datos recogidos por el “VII Informe sobre Cibercriminalidad”, elaborado por la Secretaría de Estado de Seguridad, que revelan que durante el 2019 los fraudes cometidos a través de medios electrónicos aumentaron en un 35,8 por ciento respecto al año anterior.

Como colofón, las restricciones sociales derivadas de la pandemia han aumentado muy notablemente las compras realizadas a través de Internet. Como era de esperar, los ciberdelincuentes han aprovechado el aumento del tráfico online para perpetrar sus desdichas.

En este artículo os contamos algunos pequeños trucos muy útiles para detectar a tiempo algunos de los cebos que los delincuentes nos tienen preparados en las redes.

Sin duda, el phishing es conocido por ser el supuesto paradigmático de ciberestafa. Los estafadores mandan oleadas de correos electrónicos fraudulentos en los que, haciéndose pasar por conocidas empresas o marcas comerciales, nos solicitan diversa información de índole personal y financiera bajo distintos pretextos, como, por ejemplo, el cambio de la política de privacidad, o una supuesta actualización en el sistema que nos obliga a facilitar de nuevo nuestros datos personales.

A menudo podemos detectar estos mensajes fraudulentos de phishing incluso antes de acceder al contenido del mensaje. En general, estos mensajes incluyen erratas ortográficas por el uso de traductores automáticos o símbolos (asteriscos, flechas) que se alejan del formalismo propio de empresas renombradas.

Es recomendable que comprobemos la dirección del remitente. Si nos encontramos ante un mensaje fraudulento, es muy posible que correo proceda de un dominio público (por ejemplo “Hotmail” “Gmail” o “Yahoo”), y que, incluso, la dirección incluya cifras o caracteres aleatorios.

Además de apropiarse de los datos que facilitamos como respuesta a estos mensajes fraudulentos, en numerosas ocasiones los estafadores incluyen softwares maliciosos (malwares) que se descargarán en nuestros dispositivos electrónicos con tan solo pinchar en el enlace proporcionado. Otras veces los malware van incluidos en archivos adjuntos al mensaje fraudulento, por lo que recomendamos que, en caso de duda, nunca pinches en el enlace proporcionado o el archivo adjunto. También puede resultar muy útil que, si el autor del mensaje es aparentemente alguna empresa con la que tengamos contratada algún servicio, nos pongamos en contacto por teléfono o correo electrónico con ella. Si sospechamos que puede ser un caso de phishing, es fundamental que no nos dirijamos nunca al teléfono o dirección de correo electrónico facilitado en el mismo mensaje, y busquemos por nuestra cuenta un número de teléfono o una dirección de correo de atención al cliente para contrastar con la empresa la veracidad del mensaje.

También debemos prestar atención a otras modalidades de phishing, como por ejemplo las que pueden realizarse a través de noticias falsas. Estas noticias o bulos pueden llegarnos por medio de correos electrónicos o a través de pestañas emergentes que se abren de forma repentina en nuestro navegador. Normalmente estas noticias suelen contener titulares muy impactantes que rápidamente reclama nuestra atención y nos llaman a abrir la noticia de inmediato.

Una vez pinchamos en la noticia, ésta nos puede redirigir a alguna conocida página fraudulenta que el estafador haya imitado como una red social o algún medio de comunicación impostado que nos obliga o bien a abrir sesión o a introducir nuestros datos personales para acceder a la noticia. Cuando hayamos introducido los datos personales, nos daremos cuenta que la noticia no existe.

En este último caso, es recomendable constatar por otras fuentes la veracidad de la noticia y, si es posible, acceder a ella a través de otras páginas que no requieran la introducción de nuestros datos personales.

Si sospechamos que hemos podido ser víctimas de una estafa de phishing, recomendamos cambiar las credenciales de las aplicaciones del dispositivo electrónico con el que hayamos picado el anzuelo, y si la información facilitada es de índole bancaria, será necesario ponernos en contacto con nuestro banco para que nos indique los pasos a seguir, que muy probablemente pasarán por el cambio de credenciales y la cancelación de las tarjetas de crédito o debido cuyos datos hayamos facilitado al estafador.

Es importante concienciarnos de que nuestros datos son, como indica el propio término de la expresión, “personales”, y eso quiere decir que solo debemos facilitarlos cuando sea estrictamente necesario, siempre habiendo comprobado previamente la identidad de quien nos los requiera.

Si has sido víctima de una estafa o necesitas asesoramiento legal al respecto, no dudes en ponerte en contacto con nuestro equipo de AE abogados, especializados en delitos de estafa.

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